En una industria donde la experiencia suele ser clave, pero la edad se convierte en una barrera, la historia de Ana María Muñiz Torres, una mamá y conductora de vehículos pesados que expone la realidad de talento disponible que no encuentra oportunidades.
A sus 56 años, esta mamá de tres hijos decidió cambiar el rumbo de su vida y cumplir un sueño que siempre tuvo pendiente: convertirse en operadora de tractocamión. Su historia, compartida con La Trucker no solo habla de pasión por la carretera, sino de resiliencia, sacrificio y una lucha constante por ser tomada en cuenta.
De mamá de tiempo completo a aprendiz del volante
Durante tres décadas, Ana Muñiz se dedicó por completo a su familia. Su prioridad fue ser mamá, sacar adelante a sus hijos, quienes hoy son profesionistas y han formado su propio camino.
“Me enfoqué 30 años en ellos, en que tuvieran un futuro, y lo logré”, relata.
Ese compromiso, que marcó gran parte de su vida, también fue el impulso para buscar una nueva meta personal una vez que sus hijos crecieron. Fue entonces cuando apareció la oportunidad de capacitarse como operadora de tractocamión.
Lejos de verlo como un reto imposible, Ana decidió aprovecharlo.
“Fue una experiencia maravillosa”: el primer contacto con el tractocamión
El curso de capacitación, que duró mes y medio, marcó un antes y un después en su vida. Desde el primer momento, la experiencia la cautivó.
“Encenderlo, moverlo… fue algo muy gratificante. Para mí fue una experiencia maravillosa”, recuerda.
Para Ana, la conducción de un tractocamión no solo representa un trabajo, sino una conexión con la carretera, un espacio que siempre le ha apasionado. Esa emoción fue el motor que la llevó a continuar preparándose, incluso cuando el camino se volvió más complicado.
El obstáculo silencioso: la edad
A pesar de contar con capacitación y disposición, Ana se ha enfrentado a un muro difícil de romper: la falta de oportunidades por su edad.
Reconoce que ha participado en procesos de selección, ha sido considerada por empresas, pero no logra avanzar.
“Me he quedado en el camino… siento que es por la edad”, explica.
Frente a este obstáculo, lamenta la preferencia por perfiles más jóvenes, incluso cuando no necesariamente cuentan con la misma experiencia, madurez o sentido de responsabilidad.
Para Ana, esta exclusión resulta frustrante, especialmente cuando se siente en condiciones físicas y mentales para desempeñar el trabajo.
Más experiencia, más responsabilidad
Lejos de desanimarse, Ana defiende el valor que pueden aportar personas de mayor edad en el autotransporte. Considera que la experiencia de vida se traduce en mayor conciencia al volante.
“Todavía somos gente capaz, responsable… podemos cumplir”, afirma.
Incluso advierte que la falta de oportunidades para perfiles más maduros podría estar relacionada con los riesgos en carretera, al priorizar a conductores más jóvenes sin la preparación suficiente.
Su llamado es claro: abrir el panorama y permitir que más mujeres —y personas en general— demuestren sus capacidades sin ser descartadas por su edad.
Entre el autobús y el tractocamión: una decisión consciente
En su proceso de formación, Ana también tuvo la oportunidad de capacitarse como conductora de autobús turístico, lo que representó un nuevo reto en su camino.
Durante tres meses, aprendió a manejar unidades de gran tamaño y enfrentó situaciones reales con pasajeros. Sin embargo, esta experiencia le permitió entender algo fundamental: su verdadera pasión sigue siendo el tractocamión.
Aunque reconoce que manejar un autobús fue enriquecedor, también identificó el nivel de responsabilidad que implica transportar personas.
“No es lo mismo llevar carga que llevar vidas”, explica.
Esa conciencia la llevó a tomar una decisión difícil: no continuar en ese ámbito, pese a que tenía la oportunidad de integrarse laboralmente.
Ser mamá, abuela y seguir soñando
Además de ser mamá, Ana también es abuela. Sin embargo, ha decidido que esta nueva etapa de su vida no significa detener sus aspiraciones personales.
Después de dedicar gran parte de su vida a su familia, ahora busca construir su propio camino.
Sus hijos, lejos de cuestionarla, la apoyan y reconocen su espíritu emprendedor. La describen como una mujer que siempre busca nuevos retos, que no se detiene y que sigue adelante pese a las dificultades.
Esta combinación de roles —mamá, abuela y aspirante a operadora— refleja que sin importar la edad, sigue luchando por cumplir sus metas.
Un llamado a las empresas del sector
Ana Muñiz no solo comparte su experiencia, también lanza un mensaje directo a la industria del autotransporte: abrir oportunidades reales.
Señala que en muchos casos ni siquiera se les permite demostrar sus habilidades, ya que son descartadas desde el inicio.
“Ni siquiera te dejan prender la unidad para ver si puedes o no”, lamenta.
Para ella, el cambio comienza con pequeñas acciones: dar la oportunidad, evaluar capacidades y dejar de lado prejuicios.
Una historia que inspira
Aunque aún no logra integrarse formalmente como operadora, Ana no considera que su esfuerzo haya sido en vano. El aprendizaje, la experiencia y la satisfacción personal son logros que nadie le puede quitar.
“El gusto que me di, nadie me lo quita”, afirma con convicción.
Su historia no solo es un testimonio individual, sino un reflejo de muchas mujeres que buscan un lugar en el autotransporte, enfrentando barreras estructurales, sociales y culturales.
Y es que detrás del volante no solo hay conductores, hay historias de vida, sacrificio y sueños que, sin importar la edad, siguen avanzando en busca de una oportunidad.
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