Dale play al primer capítulo de esta serie de entrevistas, con Miriam Lilián Ochoa, mejor conocida como La Pipera.
Hoy arranca la mini serie de podcasts dedicada a escuchar a las voces que hacen posible la industria del autotransporte de carga en México.
“De médico forense a operadora de tráiler (pipera)”
Te contaremos cómo esta valiente mujer, Miriam, dejó su futuro en la medicina, para convertirse en la primera mujer en México y en el mundo, en conducir pipas de residuos peligrosos.
“De aquí soy, ya me vi”
Dijo Miriam una vez que pudo subirse a un camión y aunque no sabe bien de dónde viene esa pasión, la emoción de sentir la adrenalina a bordo de una unidad pesada, no se ha ido desde hace 40 años.
Miriam nació en la Ciudad de México, se considera una mujer de retos, tanto así que es la primera mujer operadora en transportar materiales y residuos peligrosos con excesos de dimensiones.
Un fuerte accidente marcó su vida, y pese a ello no le hizo dudar de su pasión por las carreteras, “de aquí soy, no puedo dejar eso”, resaltó.
“Esto se mete en las venas… a mí me hicieron la transfusión completa”.
Miriam
Más que una ilusión, fue curiosidad, no de ser trailera, si no de subirme a un camión. Sentía mucha curiosidad de manejarlo, de enfrentarme al reto de domar algo tan grande.
En mis primeros viajes me dijeron: «esto es algo que se mete en la sangre»; en su momento me dio risa, lo tomé muy a la ligera, pensaba que sólo era un decir.
Con los años, me di cuenta que – efectivamente esto se mete en la sangre, se vuelve una adicción, una pasión. Lo sé, porque nací rodeada de médicos, en la familia todos son doctores y eso no me movió nun-ca. Orgullosa digo: la única operadora soy yo, me siento contenta de haber llegado hasta donde he querido.
Siempre me he catalogado como una mujer de retos.
Me gusta hacer cosas diferentes, llevarme al límite, saber de lo que puedo ser capaz.
Esto básicamente fue un reto, un capricho. Al principio la familia no lo aprobaba, más mi papá. Con el paso del tiempo aceptaron que ésta era mi verdadera vocación. Me vieron empezar con una pipa de dos ejes, brinqué a una mamila y de ahí al full. Mis logros ayudaron a que le tomaran el gusto. No lo habrán dicho abiertamente, pero sé que se sentían orgullosos.
Mi padre siempre dijo: «si uno va a ser algo en la vida, ser siempre el mejor». ¡Llevo muy presentes sus palabras!
A la larga y con la experiencia que he adquirido, he observado que muchas personas, por parejo, mujeres y hombres, se preocupan mucho pensando en las diferencias entre ambos. No debería existir siquiera el debate, ambos sexos desempeñamos nuestras la-bores, basándonos en nuestros conocimientos, capa-cidades, ideales y formas de ver la vida.
Yo sólo me enfoco en hacer mi trabajo de pipera con mis límites y capacidades de mujer, prefiero no pensar en diferencias.
En tanto ir y venir he visto mucho machismo, esto no ayuda en nada, el ambiente se vuelve hostil y en vez de trabajar cómodas, una se tiene que estar cuidando o poniendo en su lugar a uno que otro.
En una ocasión, mi marido me acompañaba, llegué a descargar a una empresa, el vigilante en turno, poco amable, dijo: ¿usted a descargar? No, usted no entra, se baja y entra el señor. A lo que contesté: ¡No! El señor sí se baja y yo entro a descargar. Tuvo que hablar a gerencia para pedir autorización.
Lo mejor fue la respuesta: «¡Claro, Miriam siempre puede entrar!»
Sí me ha costado trabajo. Me han cortado mangueras y hecho infinidad de maldades. Con la bendición de Dios siempre he salido adelante. Una supera de todo en este gran viaje. Como cuando choqué con las vacas aquéllas en la autopista México – Acapulco.
De la nada salieron al camino, iba a ciento diez kilómetros por hora. ¡Me las tuve que llevar! Del impacto reboté en la cabina, sólo jalé el palancón, el carro se siguió, no veía nada. Con el puro tacto al volante traté de sentir qué se avecinaba, si la libraba o de plano me la jugaba. Dios fue muy grande y terminé perfectamente estacionada en el acotamiento, con el frente del camión deshecho, mi boca destrozada, sin dos dientes y con la pierna muy lastimada.
Son experiencias que marcan la vida, una pequeña cicatriz en el recuerdo.
Los operadores experimentamos tantas situaciones que nos convertimos en pequeños archiveros, llenos de vivencias compartidas, anécdotas llenas de aprendizaje y consejos valiosos:
«Atención absoluta a la carretera» me dijeron. En todos estos años, casi cuatro déca-das, nunca he perdido el respeto por el camino, el día que se pierde, uno termina mal. Ya no somos niños jugando a ser traileros, somos adultos responsables de nuestra propia vida. ¡Logré dominar al monstruo! Ésta será siempre mi mayor satisfacción.
De reversa, cargado, en subida, maniobras, bajada, en riesgos naturales o generados, como sea.
Al final fue mi capacidad la que me hizo pionera y mi dedicación, estoy segura, abrirá muchas puertas a mujeres que amen como yo el oficio. Algún día llegará el tiempo de finalizar la etapa al volante e iniciar una nueva, posiblemente como capacitadora.
Que mis conocimientos de treinta y cinco años sirvan, abrir camino juntas, ayudar a que su vida al volante sea placentera, segura y siempre sobresaliente.
Texto tomado del libro Reinas de la 57.

